Artemisia Absinthium - Ratopin Johnson
- Ratopin Johnson
- 17 abr 2021
- 3 Min. de lectura
Corría el año 1915, estimados señores, cuando el gobierno decidió prohibir la producción de absenta, a la que se atribuía el poder de generar alucinaciones, desvanecimientos y trastornos auditivos. Incluso se aseguraba que causaba demencia. Asociaban algunos casos de locura a su ingesta, como aquel hombre que había acabado con su familia de repente. Medida impopular en tiempo de guerra. En cúanto a mí, ¿qué iba a pasar ?. Había dejado de fumar opio, pero sin mi ajenjo, ¿cómo iba a juntar siquiera tres versos? ¿cómo iba a ponerme delante del lienzo? ¿cómo iba a a poder trabajar la piedra?
Todo había empezado por culpa de Benoit. Había sido él, mi compañero en el banco, quién me había llevado por primera vez a los cafés de Montmartre. Tenía un empleo prometedor, pero anodino, y mi vena artística, que sentía latir desde siempre en alguna parte de mí, había sido ignorada, para consuelo de mi padre, y me había centrado en el mundo de las finanzas. Benoit no tenía ningún talento artístico, era más un espectador más o menos entendido, pero poseía un don de gentes muy afinado, y había decidido dirigir su vida principalmente a divertirse. Se convirtió en mi colega de correrías y me presentó a las personas que abrirían mi mente como nunca anteriormente.
Pero lo que verdaderamente elevó mis sentidos, se lo aseguro, fue “el hada verde”. Se conocía así a la absenta, por su color y por las propiedades antes mencionadas, y a la que muchos escritores y pintores reconocían como su principal ayuda en la búsqueda de inspiración. Doy fe, bastaban unos sorbos para que las musas acudieran.
En Montmartre, Toulouse Lautrec había introducido a su amigo Vincent Van Gogh en 1887 en el mundo de la absenta, a la que se hizo adicto. El pintor holandés, ya en Arles, se decía que bajo sus efectos, aunque quién podía asegurarlo, se había cortado un trozo de la oreja después de una acalorada discusión con Gauguin, y se lo había entregado a una prostituta. Acabaría quitándose la vida un año después de aquel primer encuentro con el amado licor. Toulouse , en París, había pintado un retrato de Vincent en tiza sobre cartón, de perfil y acompañado de lo que parece una copa de absenta.
También, en un café del barrio, se podía encontrar a principios de siglo al poeta maldito Paul Verlaine, siempre con la típica copa de cristal llena del verde elixir en la mano, como atestiguan diferentes fotografías. Baudelaire, Degas, Manet, Picasso, y otros, eran consumidores habituales de absenta, así como al otro lado del canal, mi admirado Oscar Wilde, que tuvo el indudable buen gusto de acabar sus días en nuestro pais.
Asistí en numerosas ocasiones al modo tradicional de preparación , casi un rito religioso —de hecho, los componentes principales de la bebida vienen de la planta del ajenjo o Artemisia Absinthium, de las flores del hinojo y el anís, y esta triple composición era llamada «la Santísima Trinidad»— . La copa con absenta, la típica cuchara perfordada sostenida en el borde, sobre la que descansaba un terrón de azúcar, el vertido lento del agua fría, el color lechoso que iba adquieriendo la mezcla. Todavía a veces parece que siento ese sabor anisado sobre mis labios.
Gracias al hada, yo, artista polifacético, el nuevo Leonardo me llamaban, sentía en mí la energía reunida de todos esos genios mencionados que todos ustedes conocen, y pintaba, escribía, esculpía sin descanso, sin apenas probar bocado en días, pero siempre con la ayuda de mi compañera inseparable.
Así fue durante años, caballeros, y cuando se me privó de ella, fui incapaz de crear nada. Temí que emergiera en mí de nuevo el alma del aburrido banquero que había sido. En cambio, me volví irascible, violento, hice daño, a mí y a otros.
Héme aquí delante de ustedes, pues, señores doctores de la junta. He pasado unos meses en esta institución. Sé que piensan, y hoy lo leo en sus semblantes, que debería dejar de hablar de estas cosas. Dicen que no me hacen ningún bien. Que nunca me recuperaré. Lo entiendo. Sin embargo, comprenderán que un artista es siempre un artista. Cómo apartar de mi memoria los momentos en los que me sentí realmente vivo. En fin, puedo decir que aquí soy a mi modo feliz, con mis pequeñas rutinas, y quién sabe, quizá pudiera dar forma a unas memorias. En sus manos está mi futuro, y confiaré en su buena voluntad y criterio.
*
Hola Ratopin ,gracias por pasar por mi relato y comentarlo.
Ciertamente el tuyo es una propuesta muy original al tema de este mes.
Me gustó la forma en que el personaje va relatando los sucesos asi como las forma en que nos ayudas a formar imagenes con tus palabras.
El uso de el hada esta muy bien pensado asi como interasante por los datos que nos das.
Hace poco lei por algun lado que en Silicon Valley es muy común tomar una pastilla que te ayuda a "potenciar tus ideas", asi como en la serie Billions, supuestamente es "natural" pero quien sabe.
Saludos
Hola Ratopín, había oído nombrar la absenta pero no tenía ninguna información sobre sus efectos nocivos para la salud. También acerca de la supuesta "ayuda" que podía proporcionar a una cantidad de artistas tan conocidos.
Tu relato trata de mostrarnos la problemática de uno de ellos, y aunque no lo nombras podría ser Toulouse, porque abandonó su trabajo en el banco y su familia para dedicarse al arte ...Como digo tu personaje ha llegado a tratarse en una clínica, lo que habla de una crisis y de una ayuda imperiosa, que "el hada verde" no pudo proporcionarle.
El trabajo me gustó, solo que hubiera desarrollado más la historia del personaje, restándole información general sobre la absenta.
Gracias.Nos leemos.
Hola, Ratopin! Me ha parecido una peculiar exposición del “hada verde”, y desde luego, es el relato más original en cuando a historias de hadas.
La voz que has escogido para contar es interesante. Me preguntaba el motivo de justificarse tanto sobre su adicción, hasta que casi al final del recorrido nos descubres la junta médica que lo “enjuicia”.
No suelo moralizar sobre los personajes, sean asesinos o santos, es lo que menos importa en literatura, es más, un personaje con debilidades resulta, generalmente, más rico en matices humanos que personajes buenos, correctos y planos.
Sobre la parte formal ya se han encargado los compañeros de ella, con buen criterio. La tilde de “heme aquí” se te escapó.
En mi…
Hola palomac.marqueta
Gracias por leerme y por tus palabras. Es curioso como la absenta aparece en muchos cuadros de finales del siglo XIX y principios del XX, acompañando siempre. Tenemos además "El bebedor de absenta" , de Picasso de 1902, retrato de su amigo Ángel Fernández de Soto, y un cuadro que me ha impactado, también llamado "El bebedor de absenta", del checo Viktor Oliva, de 1901 (invito a buscarlo en internet), porque en él aparece una especie de espectro de mujer, "el hada verde", sentada en la mesa que ocupa un caballero, que la mira, yo creo que un poco atormentado. Sobre la mesa, claro está, podemos ver una copa de absenta. Y para terminar, unas líneas que encont…
Hola KMarce,
Gracias por pasarte por mi relato, y por las cosas a corregir que me apuntas. De la historia en sí, estoy de acuerdo, en que falta un equilibrio entre la parte de ficción y la no de ficción. Me ocurre a veces porque mis relatos son como para algo más largo, luego ando recortando aquí y allá, y el conjunto acaba perdiendo. Me cuesta dejarlo redondo, pero en eso estamos.
Saludos