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El Dios del estanque dorado - Isabel Caballero- (R)

Isabel Caballero


«Caminando en línea recta, no puede uno llegar muy lejos», dice el abuelo pronunciando la frase como una sentencia. El niño asiente muy serio, como si comprendiera su sentido, y yo, desde mi reino líquido, sonrío. Los dioses sabemos sonreír, se hace torciendo hacia arriba la comisura de los labios. Así. También puedo leer los pensamientos de quienes asoman a mi espejo. Sé que a Pepito no le interesan los senderos aburridos, si lo dejaran, preferiría correr aventuras.

«Mamá no me deja salir, teme que ocurra alguna desgracia como pasó con el accidente de papá. Miedo a que me pierda, que me atropelle un camión, que un meteorito caiga sobre mi cabeza, o que me secuestre una bandadealbanocosovares. Mi madre lo dice así, todo seguido sin respirar. Por eso, cuando voy al parque, tengo que ir sujeto de la mano de mi abuelo, el de las frases raras, aunque algunas veces parezca que lo lleve yo a él»

Al pequeño no le importa la meta, menos aún la zanahoria-premio al mejor corredor de caminos rectos. Tampoco sabe que existo y que soy el que soy: el Dios del estanque dorado.

Llamo al niño. Pepito asoma por el borde de piedra.

Chiquillo... illo... illo...

Blande una espada imaginaria, aprieta la empuñadura dispuesto a defenderse de los dragones del parque, de los ogros devoradores de niños, de las ramas secas que rozan su espalda, de las ranas que croan, de las que no croan también, y de la perca gigante que nada tranquila… la sombra de su cuerpo en los cantos del fondo cristalino, hace que parezca que dos peces, uno rojo y otro negro, naden a la misma vez con exactos movimientos. Un baile.

Vuelvo a llamar con mi dulce voz impostada: escucha... escucha... cucha...cucha…

«Esto no me gusta, no es divertido», piensa Pepito. Para ganarme su confianza cambio de estrategia. Ya no soy un Dios, ahora soy un grillo, froto mis patas contra las alas y los chirridos envuelven al niño por todos lados, no sabe si sueno por aquí, o por allá.

Pepito... pito... pito..., no temas, solo soy un grillo, cri-cri.

Enseguida se pone a buscar debajo de las piedras, entre las hojas caídas, hasta que me encuentra y dice, y digo, decimos los dos: ¡Qué guay... qué guay... qué guay!

Ahueca la mano como si fuera una copa, y con cuidado, sin cerrarla del todo, enseña al abuelo su presa antes de guardarla en su gorra de lana. Me lleva a su casa. No puedo respirar, como soy un Dios me convierto en aire, ¡zas!, ahora soy aire, antes fui grillo, y agua, también fui luz y antes de la luz, puede que sombra.

Cuando el niño abre la gorra-jaula salta un pequeño pez. Pepito, asombrado, abre la boca, y con un mágico ¡allez hop!, hago que su último recuerdo fuera pillar un pescadito en vez de un grillo, ¡qué listo soy!. El chico me arroja a un círculo abombado del que, por muchos esfuerzos que hago, no puedo escapar. A través de sus paredes miro a Pepito que me mira a mí. Le ordeno que me libere, pero nada, no hay manera, por lo visto lejos del estanque solo soy un prisionero sin poderes celestiales al que tienen que alimentar porque si no, la palmo.

Pasa el tiempo, no sé cuánto, ¡el tiempo de los humanos es tan constreñido! Sé contar siglos, milenios, eternidades, pero no los segundos que ruedan despacio dentro de esta cárcel de cristal.

Y por fin, un día me sacan de mi letargo, me bambolean y agitan. A través de la ventana del coche, puedo ver desfilar los paisajes de manera precipitada: trozos de cielo, pedazos de nubes, los postes de la luz, algún pájaro… Veo el cuerpo de Pepito piramidal, desde el regazo que me sostiene parece un gigante, sus manos son enormes, dos manchas blancas que rodean mi cárcel traslúcida, su cabeza se pierde en las alturas, parece un Dios. Ahora asoman las copas de los árboles del parque donde moraba en mi añorado estanque paraíso. Lo dejamos atrás, y con él mis esperanzas de regresar al dorado reino del estanque.

¡Ya llegamos, abuelo!

Las manos de Pepito sostienen la esfera que me circunda y con un grito de alegría me lanza al agua. Un mar agitado, inmenso, salado, donde nadan peces mayores que yo, otros dioses que me devoran enseguida. Desde el estómago de uno de ellos escucho a Pepito feliz gritando un: ¡Adiós, adiós, que te vaya bonito!

*




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٣١ تعليق


Carlos J. Noreña
Carlos J. Noreña
٢٩ مارس ٢٠٢١

Isabel:

Es un tierno relato con un trasfondo crítico; veo que pones en tela de juicio la sumisión a los padres y a sus normas de “recta conducta”. Igualmente, pones en cuestión el racionalismo al crear esa figura mítica que quiere conquistar al niño.

La pérdida de poderes del diosecito, que Luis Fernando te señala, me hace pensar el ansia humana por dominar: a sus semejantes, a sus pasiones y a lo que se le presenta como superior.

En el desenlace nos dejas pensando si fue el niño quien quiso liberar, a su modo, a su esclavo o fueron los padres los que lo obligaron a deshacerse de él. Es decir, ¿triunfa el criterio personal o el mandato superior?

Y,…

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Tirma Tiatula
Tirma Tiatula
٣٠ مارس ٢٠٢١
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Buenos días Carlos. Muchas gracias por tu tiempo y comentario.

Se me da mal analizar mis relatos, aunque supongo que tiene, tal como dices, un trasfondo crítico, aunque la autora ha intentado que su “voz” y punto de vista no se escuche ni se vea, ha dejado hablar a sus personajes.

Sobre la sumisión y normas de “recta conducta”, me he puesto en el lugar de una madre que pierde a su compañero y teme que le ocurra algo al hijo, por eso siempre va con el abuelo de la mano. Y los niños, pues niños son, con su tremenda curiosidad por todo, si les das piezas de juguetes para que armen una carretera, esta estará llena de curvas, pasadizo…

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palomac.marqueta
٢٧ مارس ٢٠٢١

Buenos días Isabel: Me ha encantado tu relato. La mezcla del dios (narrador) y del niño es muy buena. Hay mucha imaginación y mucha poesía en ese niño.


En boca de un dios la frase: “sin poderes celestiales al que tienen que alimentar porque si no, la palmo”, la palabra “palmo” me parece que no tiene la suficiente belleza.


Te felicito porque empleas el lenguaje con mucha maestría, poesía y perfección. Un abrazo, Menta.

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Tirma Tiatula
Tirma Tiatula
٢٧ مارس ٢٠٢١
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Hola Paloma. Muchísimas gracias por tu apreciación.

Quizás la palabra palmar no sea la apropiada para la boca de un Dios, aunque sea un dios pez menor. Lo hice para desmitificarlo un poco, pero es posible que tengas razón. Lo pensaré.

Espero que nos leamos en el reto de abril, a ver que nos propone esta vez la compañera K. Marce.

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Araceli Rodriguez
Araceli Rodriguez
٢٧ مارس ٢٠٢١

Precioso relato, Isabel. Me ha gustado especialmente la voz del niño entrecomillada, el estilo que utilizas es genial. Y por supuesto ese narrador que todo lo sabe, tiene un punto perverso pero no consigue su objetivo. Al final peca de soberbio y termina donde termina .... me uno a las felicitaciones de los compañeros por tu derroche de creatividad, tanto en la historia como en la forma de contarla. Es un relato inspirador del que se extraen enseñanzas. Gracias compañera por tu aporte de tanto nivel, una vez más.

Un abrazo,

Araceli

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Tirma Tiatula
Tirma Tiatula
٢٧ مارس ٢٠٢١
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El punto que llamas perverso, diría más bien punto juguetón, dicen que los dioses se entretienen jugando a los dados con los seres humanos y sus circunstancias 😜

Mil gracias Araceli, un gusto encontrarte por aquí en Café.

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e.celis07
e.celis07
٢٥ مارس ٢٠٢١

¡Vaya relato! Hay arte en tus letras. Lo disfrute mucho. Felicidades Isabel.

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Tirma Tiatula
Tirma Tiatula
٢٦ مارس ٢٠٢١
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Muchísimas gracias por tu apreciación e.celis

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Rufino Manzaneque Ramos
Rufino Manzaneque Ramos
٢٣ مارس ٢٠٢١

Saludos Isabel y te doy las gracias por haber leído mi cuento, tomo nota de tus indicaciones, en el oficio de escribir casi siempre se pasa algo y también se aprende.

He leído tu fantástico cuento y estoy impresionado como describes la historia y también algunas frases —escucha—cucha.—Pepito—pito.La fantasia llena el relato y sobre todo me gusta el final diciendo lo del Adiós.

Confió en seguir leyéndonos.

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Tirma Tiatula
Tirma Tiatula
٢٣ مارس ٢٠٢١
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Gracias Rufino. Es verdad que siempre se nos escapa algún gazapo que otro a la hora de escribir, por mucho que intentemos hacerlo perfecto, o casi perfecto, puesto que la perfección no existe.

Un cordial saludo, yo también espero seguir leyéndonos.

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