EL EXTRAVIADO- Lucho- (R)
- Lucho
- 18 ene 2021
- 3 Min. de lectura
El día había comenzado resueltamente tranquilo. Todo parecía indicar que así sería el resto de la jornada. El doctor Ricardo, caracterizado por ser un barbián en su personalidad, caminaba de manera pausada por los pabellones revisando a sus pacientes. Los días anteriores fueron de un gran convulsión y él se había desenvuelto de manera decidida. Varios casos complejos que debió atender, los había solucionado satisfactoriamente. Mientras deambulaba por los pasillos, le salió al paso Saturnino, desembuchando una fraseología que nadie pudo descifrar, era difícil de comprender la sarta de palabras inconexas que salía de su boca. Lo apodaban el Orate, por su verborrea, que intentaba versificar, pero que no llevaba a ninguna conclusión. Era un hombre confuso y perdido, desconectado de la realidad. El médico sonrió al ver a ese personaje tan descarriado del mundo. Así se lo encontrara en varias ocasiones en sus recorridos por el hospital, esa bandurria desaforada le ocasionaba hilaridad.
Saturnino había sido llevado al hospital, luego de que en una de las calles donde se congregaban los consumidores de droga, hubiese sido herido de una cuchillada. Hacía ya varios años que llevaba consumiendo, la dejaba por largos períodos, pero luego recaía. Había estudiado varios semestres de medicina, pero prefirió largarse para la calle, en busca de lo que en sus prédicas era la libertad.
Después de varios días de estancia en el hospital, se había venido recuperando de la cuchillada, pero su cabeza se mantenía lejos de la realidad. Era un personaje y todos los que allí laboraban tenían que ver con sus descoordinados discursos. Los días de abstinencia habían exacerbado su palabrería, acompañada de un comportamiento colérico. En algunos momentos lo tuvieron que amarrar a la cama, para evitar sus actos de violencia, que en la mayoría de los casos atentaban contra su propio físico.
Pasado el mediodía, Ricardo se dirigió al comedor comunitario para tomar su almuerzo, donde se reunió con otros médicos y enfermeras. Comentaban sobre los hechos de la jornada y todos resumían la mañana como tranquila. De un momento a otro se escuchó un grito terrorífico que provenía desde uno de los pasillos. La gente corría en varias direcciones.
En un descuido y correspondiendo con un momento de calma de Saturnino, lo dejaron sin amarras, se quitó el suero que le estaban inyectando y salió corriendo de la habitación, se dirigió a una de las terrazas y se lanzó al vacío.
Al escuchar los gritos y observar que la gente corría en varias direcciones, los médicos dejaron su almuerzo y fueron a ver que estaba ocurriendo. La gente solo acataba a gritar:
—Se lanzó por la terraza —y seguían su veloz carrera.
—¿Quien? ¿Por dónde? —pregunto Ricardo en medio de su desconcierto.
—No sé doctor, alguien de la clínica, sin embargo, no puedo afirmar si se trata de un trabajador o uno de los pacientes —alcanzó a decir una de las enfermeras, que corría hacia el exterior del hospital.
Ricardo y sus compañeros siguieron el rumbo de la gente y al llegar a la puerta principal, se toparon con una camilla que ingresaba de manera rápida, empujada por uno de los vigilantes y un camillero. Sobre la camilla alcanzaron a identificar un cuerpo que convulsionaba de manera estrepitosa, sin que se produjera quejido alguno. Parecía estar sin conocimiento. Las vestiduras que lo cubrían estaban empapadas de sangre. No se alcanzaba a identificar de quien se trataba.
Cuando Ricardo lo reconoció, solo logró balbucir: ¡Orate! —de inmediato pidió que lo llevaran a una de las salas de cirugía, que el mismo se pondría al frente de la situación. Le pusieron una mascarilla con oxígeno y verificaron sus signos vitales. El rostro de Ricardo se tornó ceñudo, no era buena la situación. De inmediato llegó la historia clínica del paciente, el anestesiólogo la revisó y procedió a ponerle los medicamentos requeridos para dormirlo. Tres horas trabajaron arduamente sobre el cuerpo de Saturnino, tratando de salvar su vida. Presentaba varias fracturas, pero lo peor, era que uno de los huesos había tronchado la femoral. En un momento todos los que estaban alrededor de la cama de cirugía se miraron, los médicos bajaron los brazos con desánimo y las enfermeras apuntaron sus ojos contra el suelo. El monitor que medía el ritmo cardíaco marcó una línea.
Mientas el Orate sucumbía a las heridas, el vagido que provenía desde otra de las salas de cirugía anunciaba la llegada de una nueva vida.
*
Gracias a Palomac y Laura, tendré en cuenta sus comentarios
Saludos
Buenas tardes Lucho: Me ha gustado tu relato. Está escrito de manera coherente y sin errores por lo que lo he leído de un tirón.
Creo que deberían haber atado a la cama constantemente a Orate. Siempre existe el peligro de que estos enfermos se escapen y se pongan en peligro a ellos y a todos los demás.
Me ha gustado mucho el último párrafo:
“Mientas el Orate sucumbía a las heridas, el vagido que provenía desde otra de las salas de cirugía anunciaba la llegada de una nueva vida.”
Creo que nunca había leído un relato tuyo, pero de ahora en adelante me apunto a tus narraciones.
Enhorabuena. Un saludo, Menta
Hola Lucho.
Me había encariñado con Saturnino (gran acierto el nombre), ...y murió. Oh, pobre.
Coincido con que resulta muy extenso y denso en información toda la primera parte, pero en cuestión de gustos...no hay nada escrito, o, en realidad, hay mucho, y resulta más subjetivo que objetivo.
Te señalo el uso de la palabra estrepitoso:"...convulsionaba de manera estrepitosa, sin que se produjera quejido alguno."
Te dejo lo que encontré al respecto de la palabreja en cuestión:
estrepitoso, estrepitosa adjetivo
1.Que produce o causa estrépito."ruido estrepitoso"
2.Que llama la atención por un rasgo negativo."su nuevo disco ha sido un fracaso estrepitoso" Sinónimos: Similar, bullicioso, ruidoso
lo que se contradice con que no se producía quejido alguno. Tal vez podrías utilizar otro adjetivo.
Agradezco a Chaval y Jesús sus comentarios, muy productivos y los tendré en cuenta. Saludos
Hola Lucho
Historia triste de una persona enferma, que al final parece como una compensación al llegar una nueva vida.
Largos párrafos y con falta de algunas comas, hace que se lea la narración un poco confusa.
Tengo varias cosas que te comento, quizá para mejorar el texto si lo crees conveniente.
Se había venido recuperando de la cuchillada, mejor no repetir cuchillada, porque ya sabemos por qué está allí.
Los que allí laboraban tenían que ver con sus descoordenados discursos. (qué tienen que ver?. Está puesto como si colaboraran en que el hablara de esa manera.
De un momento a otro se escuchó un grito terrorífico (mejor, cuando se escuchó un grito ...
En un descuido y correspondiendo... (mejor,…