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El mejor regalo de mi vida (B) - Amaranto - (R)



Deambulé entre las cabañas de barro con paja secada al sol, bajo un cielo nacarado, hasta que alguien me avisó del comienzo de la danza autóctona.


Tras un intervalo de silencio, escuché el clamor de unos tambores, anunciando la aparición de una hermosa fémina ataviada con una especie de falda con hojas y flores de hibisco. Sus senos estaban cubiertos con medios cocos pintados de negro y sujetos al cuello con unas finas ramas trenzadas. Sobre la cabeza tenía una corona floreada y hojas verdes acentuando su belleza. La gracia de sus movimientos acabó atrapándome extrañamente.

Después, un grupo de seis danzarinas engalanadas de indumentaria tradicional bailaron al ritmo de instrumentos de viento hechos con cañas huecas de bambú y tambores de pieles de animales.


Mi pensamiento no se apartaba de la primera bailarina, que felizmente tornó a aparecer, bamboleándose de una forma aún más atractiva, lo que me despertó un interés especial por conversar con ella cuando acabase su intervención.

—¡Me ha encantado verte bailar! —la abordé aturdido, en un idioma con el que pude hacerme entender.

—No te esfuerces, entiendo tu idioma, me contestó mirando unos apuntes que llevaba en la mano, lo suficiente para adivinar mi procedencia española.

—¡Qué sorpresa! ¿Cómo aprendiste mi lengua?

—Tengo unos amigos que residieron en España y lo aprendieron. Decidí pedirles que me lo enseñaran.

Creyéndome el dueño del boleto premiado, me ofrecí para seguir ayudándola a perfeccionar el idioma e intercambiarnos información sobre nuestros países.

Escabulléndonos en la orilla de un arroyo a las afueras del pueblo, acondicionado como si fuera una playa, continuamos charlando hasta el atardecer. Instante en que me invitó a albergarme en una choza deshabitada próxima a la suya para seguir hablando al otro día.


Cuando amaneció, me incorporé de la cama frotándome los ojos al escuchar unos pies descalzos accediendo a mi cabaña. Seguidamente una voz femenina me abordó.

—Te llevaré hasta un sitio de nuestra isla que muy pocos conocen —me bisbiseó al oído, tirándome a la vez de un brazo.

—¡Espera que me vista!—contesté entusiasmado por su presencia—. ¡Todavía no me he aseado!

—No hace falta que te peines ni te laves. Donde vamos hay mucha agua.

Descendimos unas escaleras donde nos esperaba una canoa de dos plazas a la que subimos, perdiéndonos río arriba.

A unos setecientos metros contemplamos una cascada. Era el paraje que mi adorable acompañante quería mostrarme. Pasamos el día charlando, bañándonos, danzando ella y disfrutando yo de su compañía, hasta el punto de que mientras lavaba unas frutas la abordé para darle un empujoncito hasta lanzarla al agua y sacarla después en brazos. Me abrazó regalándome un beso en los labios

—Sé que te gusto y tú a mí también. Quiero regalarte mi amuleto de la esperanza. Así, colgado en tu cuello te recordará nuestro pacto de amor.

—¡Conocerte, ha sido lo más bello que me ha pasado en la vida!


Al atenuarse el brillo solar retornamos a la canoa. Ahora, íbamos tomados de la mano, sin dejar de mirarnos a los ojos como dos enamorados.

—¡Si mi padre se entera de lo nuestro, me mata! —balbuceó mi atractiva bailarina—. Debía de estar en el espectáculo de danza hace tres horas. ¡Vámonos corriendo!

—¿Qué estabas haciendo con mi hija, granuja? ¡No saldrás vivo de aquí! —bramaba el padre saliendo del improvisado teatro de danza con un garrote en la mano y un cuchillo en la otra.

—¡Padre, deténgase, él no me ha tocado! —Trató de calmarle, mientras el resto de los bailarines intentaban apartarlo de mí.


Observando que el padre no estaba solo, al ver que familiares y amigos venían en su ayuda, decidí escaparme a toda prisa hacia la cabaña donde dormí. Ya de madrugada cogí mi mochila roja con todas mis pertenencias dentro y me fui de allí temiendo ser descubierto.

No era prudente regresar andando hasta el pueblo donde había desembarcado, por lo que alquilé una canoa muy ligera y remando río abajo salí a toda prisa.

Despistando a mis perseguidores, me refugié cerca de un peligroso acantilado hasta el anochecer. Luego, bordeé un sendero paralelo al mar; oculto bajo un sombrero que guardaba en mi mochila me personé en la estación de autobuses del pueblo para tomar el primer autocar directo al aeropuerto.


Cuando ocupé mi plaza en el avión sujeté el amuleto con mis manos y mirando por la ventanilla un escalofrío me recorrió la espalda.

Con el tiempo comprendí que aquella aventura sería el mejor regalo de mi vida.


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18 Yorum


Charo Bolívar
Charo Bolívar
30 Nis 2020

Hola, Estrella,


Cada mes me hago le propuesta de leer todos los relatos y como soy de signo virgo (ordenados en el trabajo) empiezo por el primero. Pero no me da tiempo de leerlos todos. Así que como no iba a llegar, hoy me he ido directamente al tuyo.


Como siempre tienes una buena técnica descriptiva, allí donde pones la pluma nos llevas a los demás. Y el atrevimiento de encarnar a un hombre me parece muy apropiado porque siempre cuesta un poquito eso de ponerse en la piel de otro. Tú lo consigues (yo estoy ahora con una novela en la que le protagonista es un hombre y una mujer e intento dar los dos puntos de vista).


De…


Beğen

palomac.marqueta
26 Nis 2020

Buenas tardes Estrella: me ha gustado tu relato y la danza de la chica con vestidos vegetales y los cocos tapándole los pechos. Una amiga una vez se disfrazó así y me encantó que no se le cayeran en toda la noche, porque todos estábamos esperando que desaparecieran de un momento a otro.

Los héroes no huyen a no ser que tengan una segunda oportunidad, espero que tu protagonista la tenga.

Enhorabuena, un saludo, Menta

Beğen

Vespasiano -
Vespasiano -
25 Nis 2020

Hola Estrella:

Gracias por haberte pasado por mi relato, y dejado tu generoso comentario.

La localización de tu historia es perfectamente reconocible, sin necesidad de decirlo, gracias a la magnifica descripción que haces de la indumentaria y accesorios de los bailarines así como de los instrumentos que aportan la melodía a la danza.

Después ese protagonista me causa una envidia malsana, pues a mi a lo largo de la vida, no me ha pasado nada ni parecido y porque el chico debe ser un gran atleta para haber escapado de la furia de un padre enfurecido.

El flechazo amoroso lo entiendo perfectamente, pues la primera vez que ví a la que es mi mujer me quedé patidifuso y creo que…

Beğen

Hola Isan:

Primero de todo te agradezco mucho tus interesantes correcciones, de ellas destaco esta cuestión que me comentas acerca de un párrafo dialogado que me anotas, sí me parece correcto el quitar la coma y dejar el inciso con rayas y cambiar el MI por TU:

—No te esfuerces, entiendo tu idioma —me contestó mirando unos apuntes que llevaba en la mano—, lo suficiente para adivinar tu procedencia española.


--->En lo referente a esos apuntes en la mano del protagonista, no de la bailarina, es porque el chico llevaba unas notas personales a modo de orientaciones y consejos sobre ese lugar turístico. El chico no bailó, era un simple espectador que tenía esos apuntes o notas en la mano.


Beğen

Isan
Isan
20 Nis 2020

Hola, Estrella.

Ese comienzo es una buena introducción para situarnos dónde nos metemos. Bien. Has usado un lenguaje descriptivo claro con un fondo de amor imposible que nos deja deseando otro final de unión.

Como te comentan, esa huída también me ha parecido que queda un poco confusa y rápida aunque, ciertamente se cuenta todo lo que hace para huir. Siempre nos pasa que queremos contar mucho y el implacable marcador nos señala que hemos llegado a 750, así que es un hándicap con el que hay que contar de antemano.

Te comento un par de cosas.

Enseguida de empezar el relato te imaginas que se desarrolla en un lugar exótico, lo dicen los detalles: tambores, falda de hojas, corona…

Beğen

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