El ocaso de los recuerdos -Wanda- (R)
- Carla Daniela
- 17 feb 2020
- 3 Min. de lectura
El sol sucumbía cansado dejando atrás un juego de luces apasionadas que bañaban la hermosa playa. Sentada en un tronco, arrastrado por el baile de las olas de aquel mar del Pacífico, Julieta contemplaba el horizonte con sabor a sal en sus labios, y en su mirada se reflejaba una gran amargura.
Sentada en la arena, a la orilla del mar, la pequeña Sofía de quince meses sonreía y mostraba a su madre los caracoles que encontraba y que colocaba en un pequeño recipiente de plástico, con la figura de un elefante morado.
Sus cabellos cobrizos rizados y sus hermosos ojos verdes le recordaban a Julieta aquel hombre que había sido su amor y su verdugo.
—¡Mami, agua!—, balbuceo Sofía contenta, mientras entre risas y con el pantalón empapado chapoteaba en el pequeño pozo que se formaba con la llegada de las olas.
Julieta en los momentos en que su memoria regresaba a ella, recordó ese día cuando lo impensable sucedió, se miró sentada al pie de la cama guardando en una maleta su ropa, decidida a huir de aquel infierno terrenal. La ropa de Sofía y sus fotos, las colocó en una caja para luego guardarlas en el armario.
—Julieta, Julieta…—Escuchaba aquellas voces en su cabeza, pero se negaba a escucharlas.
Contemplaba ida a su hija jugar ahora acostada en la pequeña charca.
Un poco más de tres años duró el sufrimiento. Todos los días se convencía de que él la amaba, que le corregía por amor. Estaba sola en el mundo. ¿Quién la amaría? Solo él lo hizo.
José, fue quien le ayudó a salir de la calle, le dio un hogar, le prometió una vida jamás soñada en su maltratada existencia.
Después de que su padre asesinara a su madre a golpes frente a ella, Julieta abandonó ese siniestro lugar y vagó por las calles de una ciudad donde los niños sin hogar eran tan usuales que ya la gente no los veía.
Aprendió a defenderse y conseguir lo que necesitaba a diario para sobrevivir. Sufrió abuso y decepciones, pero no tenía a donde ir, ni a quién acudir.
José le dio lo que anhelaba, un hogar. Un año duro la luna de miel, solo una que otra discusión que terminó en algunas cosas quebradas y algunos insultos, pero nada tan grave como lo que vivió una vez en casa.
El enterarse de su embarazo le trajo felicidad y temor pues el carácter de José se volvía cada vez peor ahora que bebía. La culpaba de todo. El sabor a sangre en sus labios se volvió algo usual.
Con siete meses de embarazo recibió la primera paliza de parte de su hoy difunto marido. Sofía nació en un hogar quebrado como en el que ella vivió y del cual escapó siendo una niña. Un hogar que no deseaba para su hija.
La amaba, eso era indiscutible, ¿Qué haría por ella? La salvaría de repetir la historia.
Su mente divagaba cada vez más seguido. Se perdía en sus pensamientos y no regresaba después de varias horas. Oía voces y muchas veces sentía que sombras la miraban desde su cama en un lugar completamente blanco, el olor a químicos le invadía y aguijones que se incrustaban en sus brazos de abejas imaginarias le hacían gritar de desesperación.
El sol cayó completamente y la oscuridad se apoderó de aquella playa.
Julieta caminó por la orilla de la carretera y llegó a su casa. En el suelo yacía José envenenado por la cena que ella preparó aquel día para él.
—Julieta, Julieta … Despierta.
—Doctor hace dos semanas que ya no responde, por las noches grita y llora por Sofía, a veces toma la almohada y la arrulla, otras veces siente que se ahoga —. El psiquiatra observó a la pálida mujer, una anciana en el cuerpo de una joven. El dolor la envejeció y le robó la cordura.
—Llévala a su habitación, la otra semana lo intentaremos de nuevo.
Hola Wanda, discúlpame el retraso, pero no he podido responderte antes.
Me ha gustado tu relato pleno de dramatismo y que refleja bastante bien la figura de una mujer víctima del maltrato machista.
He intuido que Sofía de tan solo quince meses, quedó abandonada en la playa chapoteando en aquel pequeño pozo, que con las olas seguramente terminó siendo una trampa mortal para la niña, ya que su madre, Julieta, debido a la gran desesperación que padecía, acabó por dejarla sola a merced de las olas.
Esta escena, quizás, es tan significativa e impactante como para que el lector pueda adentrarse en lo que piensa y siente una mujer víctima de esa denigrante actitud que algunos hombres tienen con sus…
Hola Wanda. Has escrito un relato muy doloroso pero real. A veces cerramos los ojos y nos tapamos los oídos frente a estos hechos,. porque nos sentimos impotentes. No podemos aceptarlos, pero lo cierto es que están ahí.
Hay un gran contraste entre el comienzo con la belleza del paisaje y el trágico y desgarrador final.
Saludos y nos seguimos leyendo.Esther. (42)
Hola Wanda.Buena introducción al relato y el nudo de la historia ,pero dejas con la duda al final " a to kiski " ¿que lo haces queriendo? ¿Qué pasó con sofía?Un saludo.
José María -8
La verdad Wanda es que encontrar el grado justo entre sugerir y sobreexplicar no es nada fácil.
Hola Wanda.
Creo que donde se presta la confusión es en sus recuerdo.
La historia da a entender que ella recuerda su vida anterior, mientras mira a su hija jugar en la playa. Que ella se pierde en sus recuerdos (De su infancia, de su marido) mientras la observa. Esto de la ropa de Sofia o el psiquiátrico, por la forma relatada, pareciera que sucede antes que la historia en la playa.
Si Tirma no hubiera consultado por Sofia, yo no me daba cuenta, jeje.
Un beso y ojala todo sirva para crecer