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FLOTANDO EN EL ENGAÑO -Emerencia- (R)


Pelirroja igual que ella, pero más delgada, más joven y con unos ademanes poco convincentes. Así era Gema, la que había sido su mejor amiga y la hermana que nunca tuvo. Y esa mañana se sentía feliz. Bajó del coche en aquel barrio acomodado al que tantas veces había ido, luego tomó la acera como si fuera suya y subió a casa de Laura. La cerradura esta vez no se le resistió; el confortable apartamento se abrió para ella. Comprobó que todo estaba bien, tranquilo. Acarició el saludo del gato, manso por la compañía, continúo limpiando su bandeja, echó arena y le cambió el agua. De forma sistemática, como lo había hecho tantas veces. Gema nunca había entrado en su habitación, o al menos con esa intención. En el armario descubrió perchas con vestidos de fiesta que no se los había visto puestos jamás a Laura. Se probó uno ajustado con espalda abierta y flecos; con él abrió los cajones para buscar algo de ropa interior. Luego abrió otro y otro. Había un desorden que volvió a dejar encerrado. Guardó juguetes y echó ropa sucia en la lavadora. A la salida reparó en su foto. Era él. Pasó la yema de los dedos sobre su cara; acarició su barba y sus grandes ojos grises; sonrió mirando su boca. Ella sabía que pronto se verían. Gustavo se había convertido en una obsesión para ella. Y Laura nunca se daría cuenta. Como tampoco supo que Gema se había tatuado un elefante como el suyo, que para que no se lo viese, se lo dibujaron encima del monte de Venus como símbolo de fertilidad. Una obsesión convertida en deseo: tener un hijo con él. Para Laura, en cambio, el tatuaje significaba un símbolo de lealtad, un elefante que le daba confianza y protección. Ahora Laura acababa de salir de un coma. Un mes y cinco días arrinconada por un traumatismo cráneoencefálico. Cuando se despertó no sabía quién era ni donde estaba. No reconocería a nadie. El accidente de Laura supuso para Gema volver a tener una idea fija en su cabeza: estar nuevamente con él. El hecho de dejarla para volver de nuevo con Laura era un aguijón venenoso que hasta ahora no había podido arrancarse. Cuando Gustavo conoció a Laura, al instante fue cautivo de su sonrisa, de su pelo rizado y rojizo. Supo entonces que sería el hombre más feliz del mundo. Pero no fue un flechazo recíproco que digamos. Laura salía de una relación apasionada y tempestuosa con un astrónomo y Gustavo fue el pretexto para volver a sonreír. Su ternura y comprensión la habían convencido. Aunque nunca olvidaría al hombre que la había roto en mil pedazos. Se resignó y se casó con Gustavo para pasar página. Pasaron unos años y tuvieron un hijo, un bichíto, tan alegre como ella, pero con los ojos grises de él. Gemma, era la madre y esposa ejemplar a los ojos de todos, aunque en el fondo seguía pensando en el hombre de las estrellas. No pasaba un día sin preguntarse si aún después del tiempo, él le seguiría queriendo. Se autoconvencía que era su amor verdadero. El marido por su parte, no tan guapo ni tan inteligente, pero tampoco era ciego. Cuando se casó, no ignoraba que ella seguía amando a otro, pero tenía la esperanza de que su amor y el paso del tiempo se adueñasen del corazón de su amada. Ese fantasma tenía bastante poder. Y un buen día Gustavo se cansó. Él necesitaba que le manifestara un mínimo de amor. Abandonó la lucha y la mejor amiga de su esposa, Gema, le abrió su corazón y su casa. Se fue con ella. Laura no lo sabría nunca, o al menos eso pensaba Gema, pero sí lo supo. Entonces el espejismo del astrónomo se desvaneció en el baúl de los recuerdos. Constató que Gustavo había sido real, había sido su apoyo en momentos difíciles; él era su consuelo y su confidente, quién le acompañó en el parto; el que sabía que le gustaba la mermelada de arándanos y el color azul en las paredes. Y ella había estado obsesionada con otro hombre que solo existía en su recuerdo. Fue cuando se percató de la presencia de Gustavo y que sus abrazos le daban el respiro vital que ella necesitaba. Cuando él se fue Laura supo que le quería.

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33 Comments


Emerencia
Emerencia
Mar 01, 2020

hola Vespasiano, agradecidisima por tu comentario. Decir que es generoso me quedo corta. Tomo nota de cada observación que me has planteado. Estoy de acuerdo en que sois unos cuantos los compañeros que han tenido que releer para enterarse bien de la historia. Por lo tanto algo falla. A corregir que voy. Gracias de nuevo compañero.

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Emerencia
Emerencia
Mar 01, 2020

Gracias Felgonta, curioso nombre, me gusta. El bichito alude al niño, les salió travieso. Un abrazo

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Emerencia
Emerencia
Mar 01, 2020

Hola Maria Esther, lo que ocurra ahora te lo dejo a tu imaginación, hasta la próxima entrega. Gracias, abrazos

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Emerencia
Emerencia
Mar 01, 2020

Hola Carla, ahora leyendo creí que te había contestado ya. Me doy por satisfecha si te gustaría conocer algo más de los personajes. Me plantearé ampliar la historia. Gracias.

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Vespasiano -
Vespasiano -
Mar 01, 2020

Hola Emerencia:

Gracias por pasarte por mi relato y dejar tus impresiones, siempre bienvenidas.

Me gustaría poder hacer un elogioso comentario a tu historia, pero siendo sincero y sin ánimo de estropearte la tarde no veo cómo hacerlo sin mentirte.

Tu relato sin lugar a dudas es el que más trabajo me ha dado para comentar, de cuantos he leído. Como a otros compañeros, me ha costado entenderlo en una primera, segunda y tercera lectura. Probablemente yo también haya puesto mi granito de arena para no entender tu relato ni el intercambio de parejas, quizá por no tener abierta adecuadamente mis neuronas.

Por lo que también te señalan los compañeros veo que no ha sido esta la mejor de tus…

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