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La consulta- Ismael Tomas- (R)


Aquel día de Junio de 2020, cuando Arturo se disponía a abrir su consulta no podía, de ninguna manera, imaginar lo que iba a depararle aquella jornada laboral.

Arturo era un afamado especialista en neurología y contaba con un gran historial de intervenciones quirúrgicas que habían ayudado a decenas de pacientes a poder disfrutar de una vida mejor, devolviendo la alegría de vivir a muchos de ellos. Había intervenido en operaciones verdaderamente complicadas. Sofía, la enfermera que siempre le acompañaba aseguraba que era el médico con mas paciencia que había conocido.

Arturo Zito Gutiérrez era un hombre de considerable altura, gozaba de casi dos metros de estatura, barbián y amable. Era el favorito de todas las mujeres de avanzada edad, ya que era realmente apuesto y gozaba de un espectacular físico, torneado durante aproximadamente hora y media diaria de gimnasio, pese a sus ya cumplidos sesenta años.

También tenía en su lista de pacientes a muchos varones muy mayores, que trataba asiduamente de sus dolencias, a veces manías, entre los que destacaba Marcial, hombre de casi setenta y cinco años, un orate que asistía muy a menudo, porque no podía todos los días, a la consulta. Tenía todo tipo de dolores, cuando entraba tenía unos, a mitad de consulta otros y cuando salía de la visita no sabía para que había ido, ya que decía que estaba perfectamente. Arturo le atendía siempre con una larga sonrisa y a veces le recetaba una gominola después de cada comida. Cuando llegaba a la siguiente consulta, lo primero que le decía a Arturo es que había experimentado un resultado extraordinario con su tratamiento. Su falta de razón estaba relacionada con la muerte de su esposa en trágico accidente estando a su lado, lo que le originó un desequilibrio mental irrecuperable.

Este carácter de Arturo era debido a su gran sentido del humor. Al principio tuvo problemas con la consulta, mas bien con el nombre de la misma. Con toda su buena voluntad colocó en la puerta una hermosa placa dorada con el título “Doctos Zito, especialista en Neurología”. Claro, al entrar los pacientes y ver un hombre de casi dos metros enfundado en una bata blanca, unos no llegaban a entrar y otros salían riéndose a carcajadas. Uno de esos primeros días, tras su incertidumbre y recelo, Sofía le señalo la placa diciéndole:

–Pero Doctor– ¿Cómo se le ocurre poner “Doctor Zito” en la placa y que cuando entren vean un cuerpo de casi dos metros de alto?

Esto fue una anécdota de sus principios, que de vez en cuando algún paciente le rcordaba, originando una risotada de ambos en la consulta.

Se estaban viviendo momentos difíciles. Una pandemia estaba azotando todo el planeta, no se podía tener ninguna relajación sobre las normas de seguridad y control que a diario, a veces de manera confusa, dictaban los gobernantes a través de los medios de comunicación. La gente no se explicaba el origen de dicha pandemia y la enorme propagación que había tenido en tan poco tiempo por todo el mundo, originando el colapso sanitario y miles de muertos. Mucha gente había perdido su trabajo al cerrar sus empresas y otras verse obligados a suspender su actividad originando un quebranto económico de dimensiones colosales, en resumen, estaba originándose una crisis económica y social en el país sin expectativas aparentes de ningún tipo.

Aquel día, al cerrar la consulta ya avanzada la noche, Sofía soltó un grito de pánico a lo que Arturo entró corriendo de la consulta a la recepción a ver qué pasaba.

–He oído un vagido, exclamó.

– ¿Un llanto de bebé, quieres decir?, ¿Dónde?

Detrás de una butaca, ante el asombro de ambos había una maxi cosí, o capazo de bebé con una preciosa niña recién nacida dentro, bien arropadita y con un sobre encima de la mantita que la cubría.

Los dos se sentaron, abrumados, para leer la nota. Esta decía, resumiendo, que la habían dejado allí porque ninguno de los padres se podían hacer cargo de ella. Habían perdido el empleo y, por su culpa y el de su hipoteca, perderían su casa y la de los padres también porque les habían avalado el préstamo para la compra de la vivienda. El final de la carta decía que al leer esta, seguramente ya se habrían suicidado.

Esa noche fue horrible, policía, registros de la consulta, vista de las cámaras de la entrada y declaraciones. Arturo perdió la sonrisa un tiempo, y muchos pacientes al enterarse, también.

*




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7 comentarios


Laura Yannelli
Laura Yannelli
28 ene 2021

Hola Ismael.

Coincido con los compañeros en sus apreciaciones. Tal vez habría que encontrar alguna relación entre la niña y el doctor Zito, para unir los elementos.

Saludos

Laura

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El chaval
El chaval
26 ene 2021

Hola Ismael

Gracias por pasarte por mi relato y te aclaro lo de los aplausos en las duchas. Todos conocen al barbián chuleta y los que están dentro de la ducha oyen como jalean cuando el entra al vestuario, por eso el ruido de los aplausos con las manos mojadas.

Un saludo

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El chaval
El chaval
24 ene 2021

Hola Ismael

Veo una historia algo deslabazada , empieza bien con la descripción del doctor y sus éxitos, pero después, la explicación de la pandemia corta literalmente lo que podía ser la historia de este doctor y el trato con los clientes.

Los párrafos, hacen un bloque que a mi entender, los puntos y seguidos en alguna ocasión pueden ser punto y aparte.

Durante hora y media de gimnasio, pese a sus cumplidos...

Un orate que asistía muy a menudo a su consulta...

—Pero doctor, —¿Cómo se le ocurre... (atención a las rayas, no guiones)

rcordaba (falta la e).

Un cordial saludo(10)

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Hola Ismael, soy tu vecina de arriba. Te has esmerado mucho en tu relato pero, coincido con los comentarios anteriores, creo que podrías haberle dado más juego al Doctor Zito. Me gusta el final, aunque lamentablemente el amable galeno pierda la sonrisa, ya que es un cambio notable en el personaje. Sin embargo entre el principio y ese desenlace, desde mi punto de vista, no hay trama ni conexión, Por lo demás no he encontrado nada reseñable. Un abrazo y nos leemos.


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jesusramosalonso
jesusramosalonso
21 ene 2021

Hola Ismael,


Empecé a leer tu relato con interés, pues está muy bien escrito. Me sumergí en el personaje de Arturo pensando que desembocaría en algo. Pero luego llegó la descripción de la pandemia que ya conoceos de sobra y el desenlace para el que no eran necesarios esos prolegómenos.

Una pena porque, repito, el texto tiene una escritura cuidada y ese personaje del "DoctorZito" podría haber dado mucho juego.


Nos leemos.


Verso suelto (13)

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