La estrategia del cangrejo - Ocitore
- Ocitore
- 17 mar 2021
- 3 Min. de lectura
Mi blog: http://plumalanza.blogspot.com
«Caminando en línea recta, no puede uno llegar muy lejos». El Principito
Caminando en línea recta, no puede uno llegar muy lejos—le dijo el hombre a Adib. Se habían conocido unos días antes cuando el pobre muchacho estuvo a punto de ser asaltado. Desde ese instante Gamal se hizo a la tarea de proteger al impulsivo e inexperto vendedor de especias. No habían conversado mucho hasta ese día porque Adib era testarudo y pensaba que aquel hombre de aspecto pulcro y mirada sabia no era nadie para mostrarle el camino más adecuado en la vida. “Te metes mucho con la gente, muchacho, deberías dejarles elegir. Analiza su conducta y luego encuentra un punto débil del que puedas valerte para convencerlos de la compra”. Las palabras eran inútiles y solo lograban irritar al joven que no podía controlar su furia interna y el deseo de venganza. Esa tarde hacía mucho sol y se detuvieron a unos kilómetros de Tirza en donde se separarían. El joven había salido obligado por sus familiares a vengar a su padre que había sido asesinado. No era un hombre muy sensato y se caracterizaba por la violencia.
Adib sabía que la razón de la muerte había sido su prepotencia y mal carácter, pero no se lo podía decir a su familia. La ley y las tradiciones eran más pesadas que cualquier otra cosa. “Ojo por ojo y diente por diente”. Ve y mátalo ahora tú. Fue la orden que recibió de los tíos. Atravesó el desierto y fue en busca del homicida. Lo encontró en el camino hacia Jerusalén. No quiso acercársele y comenzó a seguirlo, luego se chocaron por casualidad y el hombre decidió hacerle un comentario sobre los pormenores del viaje. Gamal ya había visto cómo echaban al chico con su cargamento de especias, lo había oído conversar con otros mercaderes y sabía que por su excitación juvenil carecía del tacto para las ventas. Decidió decírselo y el joven al oír la severa crítica se apartó, pero no por mucho tiempo. Las palabras de Gamel le fueron entrando poco a poco y al final lograron que el joven cambiara su actitud. En realidad, había comprendido la razón de que su padre hubiera muerto. “Fue en defensa propia—se dijo muy desconsolado—. Gamel jamás habría atacado primero a mi padre, en cambio el sí. Tenía un carácter de los mil demonios y perdía muy rápido el control. Cogía la daga para amenazar y luego la blandía para dar el último aviso. Se había cargado a varios hombres, pero a nadie le había dado tiempo de oponer resistencia”.
Una noche que hacía bastante calor Adib se quedó meditando sobre su destino. La idea de acercarse sigilosamente y degollar a Gamel lo aterraba. Sería un cobarde y todos sabrían que él era el mísero homicida. Lo buscarían y su nombre quedaría maldito. Debía haber otra forma, pero lo más importante era resolver la cuestión: ¿Merecía en realidad morir ese hombre honesto? Por supuesto que no, pero y ¿la tradición? ¿Acaso no se había obedecido ese mandato durante siglos? ¿Sería él quien violara las normas? ¿Qué pasaría después? Analizó los posibles resultados y ninguno era satisfactorio. Por todos lados quedaría como un ser monstruoso. Oyó de pronto una voz suave. Vámonos más allá Adib, tengo que hablar contigo. Se alejaron en silencio y se sentaron en unas grandes piedras.
Sé a qué has venido, querido Adib. Desde el día en que sucedió la tragedia vivo esperando que alguien se cobre por la ofensa. Tu persistencia y la falta de cuidado me indicaron que eras tú. Lo asumí desde el principio y me fui preparando para el final. Ahora es un buen momento para terminar con todo esto. No diré nada en mi defensa. Acepto la culpabilidad y te entrego este cuchillo que es con el que maté a tu padre. “Quien a hierro mata, a hierro muere—que sea el mismo metal el que acabe conmigo y me ayude a hacer las paces con el hombre al que privé de su familia. Lo merezco. ¡Hazlo!!Sé misericorde y acabemos!
Adib había cogido la daga sin ser consciente de ello y miraba la cara iluminada de su víctima. De pronto comenzó a hablar. “No es justo, Gamel, tú te defendiste y mi padre era un hombre muy agresivo. Era tu vida o la de él y tenías que hacerlo. Yo no he matado a nadie en mi vida y no quiero vivir con esa carga. No tengo ninguna razón para privarte de la vida. No lo haré.
*
Hola Ocitore
Sabiendo quien era el asesino, tenía a cargo de conciencia el matarlo desde el primer momento, pero le dejó marchar hasta que se decidió para encontrarlo.
Una forma de ser de Gamal o Gamel un tanto extraña. Ya sabía que Adib era la persona que le envían para matarle. Tan buena persona es que quiera ayudar al chico con sus consejos y quiera que le mate, después de haberse defendido del energúmeno y asesino de su padre? Bueno, es una manera de ver a una persona que se crea culpable sin serlo (hay muy pocas).
He visto algunas cosas:
"No era un hombre muy sensato y se caracterizaba por su violencia (mejor, no fue un hombre muy sensato…
¡Ahh!, se me olvidó, soy Isabel Caballero, num. 3
¡Hola Ocitore!
Destaco algo que has bordado, compañero, y es el espíritu comercial de los árabes, que son unos verdaderos maestros en el arte del regateo, en estudiar al cliente y meterle la mercancía como sea, aunque esta sea defectuosa. Ahí está el camino recto, la justificación de la frase obligada de Exupéry, y el título tan adecuado. Por el camino sinuoso se gana (el cliente en este caso), aunque se tarde más y aunque, en ocasiones haya que retroceder y dar un paso atrás.
También has clavado la diferencia de caracteres de Gamal y Adib, no solo por la edad, sino por el carácter, más impulsivo el joven, más reflexivo el mayor.
En cuanto a las correcciones, más bien…
¡Hola, Ocitore!
Respetando las normas que nuestra amable compañera K. Marce (administradora de esta web) nos sugiere a la hora de participar en cada reto y teniendo presente tu escaso interés por conocer la rectitud de la RAE y otros aspectos formales, tal y como me indicaste en tu amable comentario de tu anterior relato, pues ahora, que la suerte también ha querido que me vuelva a encontrar en la misma tesitura, ya de entrada, te comento que únicamente voy a limitarme a darte mi opinión acerca del error de crear historias con párrafos excesivamente amplios, ya que es algo fundamental para ofrecer claridad en las ideas expuestas y no caer en un cierto hermetismo que "espesa" el contenido o…
Ocitore:
Lo considero un cuento poco verosímil: no es creíble (para mí) que un asesino confiese lo hecho al hijo de quien él matara. Final, en parte, esperable.
Donde dice Esa tarde hacía mucho sol... Creo que lo correcto sería: Esa tarde había mucho sol.
Encontré varios gerundios evitables.
Estoy en el 2 por si quieres lerlo y comentar
Cordiales saludos
Amadeo