La Revancha - Carlos Alma- (R)
- Carlos Alma
- 17 nov 2021
- 3 Min. de lectura
Hace calor, pero las ventanas de la planta baja están cerradas y está oscuro. Los dormitorios están en el piso de arriba así que mamá me deja dormir con la ventana abierta. Papá dice que por arriba no pueden entrar los ladrones porque está muy alto aunque a veces se cuele alguna lagartija. A mí los ladrones, o las lagartijas, no me dan miedo. La oscuridad sí.
En verano vamos a la casa del pueblo; es una casa grande y cuadrada, con paredes muy gruesas de piedra, como las de un castillo. El tejado es negro de pizarra y brilla mucho cuando llueve. La señora Flor, nuestra vecina, trabaja en las canteras y corta pizarra. Me pregunto si habrá sido ella la que ha hecho las tejas de nuestro tejado…
El día de la llegada es un día de mucho trabajo; hay que sacar la ropa de las maletas y colocarla en los armarios. Mi padre lleva las herramientas al cobertizo mientras que yo ayudo a mi madre a poner la comida en la despensa. La bicicleta también va al cobertizo. Es nueva y es de montaña. Ya verás cuando la vea Nuno.
Nuno se puso muy contento cuando me vio y quedó impresionado con lo bien que monto en bici. Tanto escapar de los niños del barrio me ha vuelto un experto en salvar obstáculos a gran velocidad. Por las tardes alguno de nuestros padres nos llevaba al río donde nos encontrábamos con otros niños que venían a veranear. Los pequeños teníamos prohibido tirarnos desde la peña como los mayores. Cuando Doña Flor no trabaja en la cantera nos vigilaba ella... hasta que se dormía en la sombra y aprovechábamos para tirarnos a bomba desde la peña.
Cuando llovía subíamos al desván de Nuno, me disfrazaba con la ropa vieja de su madre y bailaba. A mi padre no le gusta que baile, pero a Nuno le encantaba y siempre aplaudía con ganas.
Fue uno de esos días nublados cuando hicimos la carrera de bicis. La lluvia había convertido el camino de los eucaliptos en una pista muy arriesgada. Incluso habíamos invitado a algunos de los otros niños para que animaran. Compitiendo solo éramos Nuno y yo. Mientras los otros gritaban la cuenta atrás mi corazón latía como un tambor. A la cuenta de cero salimos disparados. Aunque Nuno comenzó con fuerza pronto conseguí superarle. ¡Era emocionante cruzar tantos charcos! Cuando gire la cabeza para ver mi ventaja divisé a Nuno a lo lejos tirado en el barro… La carrera dejó de importarme y volví a toda prisa a rescatar a mi amigo. “¡Nunoooo!” grité mientras pedaleaba. Cuando llegué a su lado no se movía. De repente me cogió de la camiseta, me tiro al suelo y empezamos a rodar por el barro riéndonos como locos. Cuando conseguimos parar de reírnos Nuno me dio un beso y me nombró oficialmente ganador de la carrera. Los otros niños asustados habían avisado a Doña Flor que, sin decir una palabra, nos llevó cada uno a nuestra casa.
No vi más a Nuno. Esa noche sus padres vinieron a hablar con los míos. Mi padre decía palabrotas y mi madre lloraba diciendo “¡Ay Dios!". Así que, a partir de ese día, “hubo” Dios todos los domingos en compañía de Doña Flor que se había ofrecido a llevarme a misa para que “piense”. Así, el padre Antón con su sotana me hacía pensar en las tardes de bailes y disfraces y cuando hablaba del “camino recto que lleva al Señor” yo pensaba en el camino de los eucaliptos y aquel día.
El otro padre, el mío, no dice mucho. Y mamá llora. Y yo estoy castigado y me aburro. Y no estoy cansado y no puedo dormir. La luz de la luna ilumina mi habitación, pero abajo está oscuro. Algo cae en mi cama y no puede ser una lagartija porque ha volado. Me da miedo abrir los ojos. Abro uno un poco, el izquierdo. Aunque a veces Nuno y yo practicamos guiñar un ojo y después el otro a mí solo me sale de un lado. Nuno puede hacerlo de los dos. Consigo ver un palo con un papel atado. Abro el otro ojo para leer mejor: “Coge la bici y escápate. Esta noche, la revancha”. ¡Otra carrera con Nuno! Me visto deprisa pero bajo las escaleras despacio. Abajo está oscuro... pero esta noche no le tengo miedo a la oscuridad.
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Hola Carlos,
estupendo relato, simple, sencillo, claro y ameno.
Las frases cortas ayudan a la fluidez y son perfectas para dar naturalidad al lenguaje infantil del protagonista, siendo fácil de entender.
Una observación, cuando le pones comillas a " hubo" " piense" y " camino recto que lleva al Señor" lo encuentro raro, creo que si las quitas se entiende mejor. Las demás comillas si las veo necesarias.
Te felicito. Vibe(9)
Buenos días Carlos: Me ha gustado mucho tu relato. Cuentas una historia ocurrida durante las vacaciones de verano y quizás un primer amor. Has narrado muy sutilmente lo que han pensado los adultos y nos queda la duda de lo que pasará en un fututo. Perfecto.
El lenguaje es sencillo como lo es en la infancia. Muy logrado
Comprueba lo que te dicen los compañeros de los tiempos verbales.
Un abrazo, Palomac
Hola Carlos, has escrito un relato fresco, alegre, con escenas cotidianas y sanamente divertidas. Tienes que hacer pequeñas correcciones que ya te las marcaron.
Mucha suerte sigue escribiendo. Saludos, Esther
Carlos:
Entretenido relato de aventuras juveniles.
Observaciones:
Cuando Doña Flor no trabaja en la cantera nos vigilaba ella: falta concordancia de tiempo
se había ofrecido a llevarme a misa para que “piense”: falta concordancia de tiempo
Saludos.