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Paseo nocturno - Wanda


Salí de casa como me es habitual, desde hace un mes todas las tardes después del trabajo, sin saber que este paseo me cambiaría la vida.

Aquel día se despedía con un hermoso atardecer que pintaba el cielo de rosa. Ya no se veía gente caminando por las calles del barrio, pues se acercaba la hora de la cena. Una colección de aromas me deleitaba al pasar frente a las casas en mi trayecto. Trato de adivinar que están preparando y mi estómago ruge con cada pensamiento. Hace unos meses dejé de cenar por instrucciones de mi esposa que me dice que debo ponerme a dieta.

No hubiera empezado a caminar tampoco, si no es por los constantes reproches de mi mujer que me estaban volviendo loco. Me dice que debo salir hacer amigos, en vez de pasármela leyendo siempre solo en un rincón, Dice que tal vez en una de mis caminatas encuentre con quien hablar. Asi que asi mato dos pájaros de un tiro, bajo de peso y recupero mi paz mental.

Me pasaba el peine para empezar mi paseo cuando me contó emocionada que hay unos nuevos vecinos. Hoy me encargó pasar por ahí para luego contarle cómo lucen. ¿Quién puede contradecir a doña Eleonor?, yo no. Ya lo intenté muchas veces y terminé durmiendo con el perro en la sala.

Absorto en mis pensamientos, no me percate que oscureció más rápido de lo normal. Los ladridos de los perros se empezaron a escuchar cada vez más seguidos como una señal de advertencia, eso hizo que se me erizara la piel. Apresuré el paso, daría un vistazo rápido a la casa del vecino para decirle algo a mi esposa y evitar una pelea innecesaria.

Cuando estaba por pasar justo enfrente, y me detuve a secarme el sudor con una servilleta, noté una sombra con silueta humana que caminaba algo encorvada, y que parecía estar cubierta de pelo. El farol de la calle estaba apagado y se me imposibilitaba ver bien en la penumbra. Indeciso caminé despacio, mirando en todas direcciones, esperando ver a alguien más que caminara en esa misma dirección. Más de una vez mi esposa me advirtió que mi curiosidad me llevaría a tener problemas, aunque en este caso sería la curiosidad de mi querida Eleonor, la que me llevó hasta aquí.

El ser se apresuró a esconderse entre unos arbustos. Parecía huir de los incesantes ladridos y sin darme cuenta un silencio absoluto se apoderó del lugar. Ahora escucho los sonidos atenuados como si estuviera bajo el agua.

Me acerqué despacio hasta estar a unos pasos del arbusto, me disponía a asomarme por encima de este, cuando el rechinido de un portón que se abría hizo que mi corazón se detuviera por unos segundos. Me giré y observé a un hombre que salía, vestido completamente de negro. El viento sopló violento. El extraño empezó a caminar hacia mí, yo sin poder evitarlo me encontraba paralizado por el miedo. Entonces escuché, detrás de mí, una respiración agitada al otro lado de los arbustos, como la de un animal a punto de atacar.

—¡Ramiro Rodríguez, entra ya que va a llover!—

Escuché la poderosa voz de mi mujer, que me llamaba desde el portón de mi casa un bloque abajo.

No sé qué hubiera pasado, si no es porque aquel grito me sacó del estado catatónico en el que me encontraba y corrí como nunca hacia donde ella. Miraba de reojo de izquierda a derecha para comprobar que nadie me seguía. No podía estar más feliz de escuchar su voz. Antes de entrar a casa miré hacia la del vecino, pero ya no estaba ahí.

He repasado este día una y otra vez en mi mente tratando de darle sentido a lo que vi. Esta noche está más fría de lo normal y los perros no dejan de ladrar. A lo lejos un aullido me hace abrazar con fuerza a mi mujer, que duerme profundamente. Prometo, desde hoy, no volver a leer libros de encuentros con seres sobrenaturales.

***





26 visualizaciones5 comentarios

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5 comentários


Rufino Manzaneque Ramos
Rufino Manzaneque Ramos
24 de fev. de 2023

Saludos Wanda soy PROYMAN1 tu vecino del 5 y he leído tu relato que me gustado pero lo veo de un humor negro poco pronunciado sobre todo por el control y consejos que da doña Eleonor.

De todas formas final feliz.

Confío en seguir leyéndonos.

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Ismael Tomas Perez
Ismael Tomas Perez
22 de fev. de 2023

Hola Wanda

Tu relato me ha dejado con ganas de mas, veo el final un poco precipitado. Coincido con los compañeros en los comentarios que te han hecho. Por añadir algo en la frase "Me dice que debo salir hacer amigos", yo pondría " Me dice que debo salir para hacer amigos". Por lo demás bien. Me ha gustado mucho. Nos seguiremos leyendo. Un saludo

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Amadeo Belaus
Amadeo Belaus
22 de fev. de 2023

Wanda:

Cuento fantástico que lamentablemente termina siendo un sueño del personaje. Algo trillado. Tal vez si hubiera más detalles de lo vivido por el personaje y menos participación de su esposa (que distrae al lector) sería más atrapante.

Desde lo técnico:

Hay cambios de tiempos verbales, en varias ocasiones en el texto.

Faltan algunas tildes.

Cordiales saludos

Amadeo

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Wanda Reyes
Wanda Reyes
24 de fev. de 2023
Respondendo a

Hola Amadeo, no se menciona que es un sueño, el atribuye el avistamiento a su imaginación, pero sí vio algo que le ha dejado bastante atemorizado. Lo de los tiempos verbales lo revisaré.


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Jorge García Labajos
Jorge García Labajos
19 de fev. de 2023

Hola, Wanda:

¡Pobre Ramiro! Se le acumulan las dificultades y él no es, por lo que se ve, una persona muy resolutiva. Menos mal que a su lado está la solvente Eleonor… Me ha parecido una historia divertida y con un giro final sorpresivo.

En lo formal, he echado a faltar algún acento:

“Trato de adivinar que(qué) están preparando…” Qué, escrita con acento diacrítico, se emplea para introducir enunciados interrogativos o exclamativos, aunque no estén entre signos de interrogación/exclamación.

Asi (í), “… no me percat(é)”

—¡Ramiro Rodríguez, entra ya que va a llover! —Escuché la poderosa voz de mi mujer, que me llamaba desde el portón de mi casa un bloque abajo.

Saludos, soy tu vecino de arriba.

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