Revilla de mis amores - Osvaldo Vela
- IreneR
- 18 mar 2020
- 3 Min. de lectura
Ciudad Guerrero, nombre dado por un héroe de la historia patria. Pero para mí, por fundación mi pueblo, sigue siendo Villa de Revilla. Entre inquietudes, que he recibido como escritor, resalta un cuestionamiento. ¿Por qué, hacer la presentación oficial dela obra “Mi Corazón en Letras” en la Biblioteca de Nueva Ciudad Guerrero? La respuesta es sencilla; Ciudad Guerrero o “Revilla” es el pueblo de mis padres, de mis abuelos, y por estirpe; el mío. Un certificado de nacimiento de la antigua ciudad, dio a mi vida, la identidad que hoy detento. Ese lugar sigue siendo mi todo. Villa de mis recuerdos, cuyos caseríos, terminaron sumergidos bajo las aguas de la Presa Falcón: proyecto acuífero binacional entre los Estados Unidos y México. Del pueblo viejo ¿qué les puedo contar? Revilla fue el lugar paradisíaco de mi niñez. El recuerdo más antiguo en mi mente era una vereda llena de guijarros que calaban en las rodillas de mi compañero de aventuras. Yo de pie junto a él, porque más que caminar, mi hermano Homero gateaba. El viaje a través de aquel atajo pueblerino, llevaba la misma esencia de otros históricos conquistadores que nos antecedieron a la región; intentábamos descubrir nuevas rutas de comunicación en tierras por conocer. El motivo de nuestro peregrinar por entretejeres pueblerinos era descubrir la vía más corta para llegar a casa de tía Dora. Travesía que, se vio interrumpida por mi angustiada madre, a quien se le habían perdido sus dos angelitos exploradores. También, en ese terruño querido, desempeñé una labor de suma importancia en aquellos tiempos; fui chaperón del noviazgo de mi padrino David Sáenz y madrina Chacha. Yo, como obligación, debía cuidar sus arrebatos juveniles cuando iban de paseo al parque. Aquellos novios me sentaban en una banca junto al kiosco con una masa de golosinas, de las cuales yo tomaba una paleta de dulce en la boca, mientras escuchaba a la Orquesta Municipal amenizar las tertulias. Aprovechando mi distracción, mi madrina y otras mujeres se paseaban “muy tomaditas de la mano” con sus respectivos. Este trabajo lo desempeñé, con seriedad tal, que terminé siendo paje de honor en el templo: misión cumplida. Además, una boda en mi haber, era un orgullo para un chaperón que se dignara de serlo. Sí alguien me preguntase, ante un mapa municipal de aquellos años, por la ubicación de la peluquería del abuelo José, no podría señalarla, pero le diría que era un lugar especial. Recuerdo que mi abuelo me subía al sillón de corte sobre un tablón atravesado en los brazos del mismo. Al quedar sentado en él, el siguiente paso era cubrir mi frente y mis costados desde el cuello hacia abajo con una manta blanca, abierta de la parte de atrás. Pieza, la cual él abrochaba con una horquilla de peluquero sobre mi nuca. No poseía utensilios eléctricos, pero, tenía una maquinita manual de sonido tan peculiar que, todavía hoy retumba en mis oídos. Al terminar, ante una petición mía, vertía un chorro de agua bien caliente a un tazón blanco. Recipiente con una barra de jabón que, al frotarla con un cepillo de barbero, generaba mucha espuma. Aquella blanca y cremosa fragancia la untaba sobre mis cachetes y hacia arriba, para después, de un solo tajo de su navaja rasurar ambas patillas a alturas iguales. Un sencillo corte de pelo me hacía sentir como un gran personaje. Por las noches, después de cerrar la peluquería nos sentábamos al borde de la alta banqueta. Allí, sobre la calle, abundaban las piedras bola, mejor conocidas como “piedras de lumbre”. El abuelo se ponía a jugar competencias con sus nietos para ver quien sacaba la chispa más grande al golpear dos pedruscos; generalmente uno de sus nietos ganaba. Las noches oscuras de aquellos años eran la atmósfera perfecta para dichas olimpiadas infantiles. De verdad que a veces extraño la sencillez de nuestro pueblo viejo. Al describir, estos escenarios, me mueve un sentimiento especial. La vida ha sido generosa conmigo al otorgarme las bonanzas de un terruño tan especial. Quiero dejar las enseñanzas dadas por mis numerosos maestros, con título o sin él; para que, al quedar escritas en este libro, lleguen con intención docente a los lectores del pueblo. Además, he visto a la Nueva Ciudad Guerrero bajo un progreso que enamora. Sus edificios, sus parques, sus calles dobles y un nuevo alumbrado, evidencian la prosperidad por venir. Quiero, con estas letras, aportar mi granito de arena a tiempos mejores como un villarevillense más. Bendita sea mi tierra.
Saludos, Osvaldo
Mucha gracias por leer y comentar mi relato. Disculpas por llegar tarde al tuyo. Parece que en estos días, el tiempo no ajusta. No comprendo cómo lograba ser más productiva antes. Quizá el trabajo de desinfectar todo, consume mucho tiempo y energía.
No considero el texto como una escena en si; me parece más una manifestación, una añoranza, casi un himnario. Lo cual me parece muy enternecedor. Porque todos tenemos un lugar en donde vivimos que extrañamos y del que se cuelgan muchos recuerdos.
No me he fijado en las mejoras, creo que la forma de narrar en primera persona, y sobre todo la ambientación ha hecho que con ello te metas al bolsillo a más de uno.…
Hola Osvaldo. Disculpa por la tardanza en llegar a tu "terruño", que has descrito con cariño y añoranza. Seguro que este escrito, crónica de tus primeros tiempos, tus hijos y nietos, si los tienes, lo leeran con cariño y será para ellos un recuerdo imborrable de la memoria de la familia.
No tengo nada que apuntarte, salvo lo que ya te han indicado los compañeros.
Un cordial saludo y espero que estés bien.
Hola Ismael Tomas Perez.
Agradezco tu visita a mi texto.
Cuando decidí presentar mi libro en Ciudad Guerrero, Tamaulipas, la presentadora me pidió que escribiera un prologo del autor para informar a los lectores a que se debía la decisión.
El resultado fue un recorrido por los recuerdos del antiguo pueblo, ahora desaparecido. Mi objetivo es darle vida a lo que muchos de los habitantes de la nueva localidad desconocen: una Villa de Revilla viva y palpitante en la historia.
Gracias y saludos.
Hola Osvaldo! Como estas?
Que tierno relato! Sospechaba que eras Mexicano, porque no es la primera vez que escribís sobre esa hermosa tierra.
Un detalle que me gusto mucho, es que veas el progreso del pueblo como algo lindo y esperanzador. La gente grande o la gente del pueblo, suele rechazar esos cambios.
Un gran trabajo compañero, bien escrito como siempre.
Un saludo y nos leemos!
¡Hola, Osvaldo!
Apasionado homenaje repleto de admiración y nostalgia a este lugar, que desconocía, pero que ahora gracias a tu buen hacer con las letras, no creo que se me vaya a olvidar, porque me he visto transportada a ese rinconcito del mundo, repleto de encanto y que me trae recuerdos de mi infancia, no tan añejos, pero comunes en algunas cosas. Se nota tu amor incondicional a tu tierra, sus costumbres y su gente. Personajes dignos de llevar a las páginas de un libro o a la gran pantalla o si no hay otro medio, pues me parece genial que te encargues tú de contarnos esas entrañables anécdotas infantiles. Aunque es de justicia subrayar el mérito con…