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ROTO FAROL ROJO- Ocitore - (R)

  • Ocitore
  • 17 abr 2021
  • 3 Min. de lectura


Estaban desapareciendo las cosas de mi tocador. Era un mal presagio porque a quienes les había sucedido lo mismo, habían sido víctimas de la más horrible violencia. Estuve a punto de orinarme en la silla cuando busqué mi peine de marfil y no lo encontré. Por más que intenté tranquilizarme, fue imposible. No había un ladrón, pues en las otras ocasiones los objetos habían sido devueltos, lo malo era que habían regresado en calidad de adornos alrededor de un cadáver. Eso le pasó a Lana, una rubia ucraniana que se arriesgaba con los clientes para ganar más. Se confió, le dijeron que tuviera mucho cuidado, pero ella solo decía que estaba urgida y tenía que mandarle dinero a su hijo en Kiev. No es la única. Casi todas nosotras estamos en la misma condición. Nos alquilamos por dinero. Aquí, al menos, tenemos ciertos derechos porque en nuestros países de origen somos explotadas, desechables como un objeto o consumidas como fast food.


“Cuídense y alerten a los Proxis—nos había dicho el Gitano—. No se confíen. La policía no es infalible, ya ha dejado pasar dos asesinatos. Además, ya conocen el modus operandi del hijoeputa”. Sí, era verdad. Lo sabíamos muy bien y teníamos manías. Todas nosotras nos poníamos a contar y recontar nuestras pertenencias. Que aparecieran objetos no era un motivo de alarma, se les preguntaba a las otras y si les pertenecían, la cosa quedaba solucionada. Si lo hallado no era de nadie. Se tiraba, así de simple. El problema era que se desapareciera algo como un perfume, un lápiz labial o ropa interior. Esa mañana no estaba mi amuleto, una piedra de color verde oscuro empotrada en un peine de cuerno de elefante que me había dado Amara, una chica de marruecos que se casó con uno de sus clientes. Fue como un cuento de Hadas, hasta fuimos a la boda. Sabemos que ha formado su familia y que es feliz.


Ya le he dicho a los tíos que nos cuidan que no lo encuentro por ningún lado. Le hemos preguntado a las chicas y hemos repasado la lista de clientes que vinieron ayer. Todos son conocidos y, creo, de confianza. Vienen a menudo los fines de semana, el sábado es su día preferido. No me parece que entre ellos esté el psicópata. ¿Y los nuevos u ocasionales? No son muchos y la policía ya ha investigado si tienen antecedentes. Todos están limpios, ¿entonces? ¿quién demonios se ha llevado mis cosas? Necesito que aparezcan en el transcurso de dos días porque al tercero… sí, creo que ya lo han leído en las noticias y no es recomendable contarlo de nuevo. Eso no ayuda en nada. Bueno el caso es que no me puedo imaginar a mí misma tumbada boca arriba en mi cama con el cuerpo abierto por la mitad y ese maldito peine incrustado en la entrepierna. ¿Qué tipo de bestia podría hacer esas cosas? Eso, se supone, pasa en las novelas policíacas, pero ¿en la vida real? Acaso, ¿no dicen por allí que la realidad rebasa a la ficción? De quién demonios es esa maldita frase, por favor ¿Para qué la inventó?


Nunca había sido supersticiosa hasta que comenzaron estos malditos crímenes. Antes ni siquiera creía en Dios y ahora mírenme. Rezando día y noche, orando con las piernas abiertas, esperando que los ángeles me protejan y que el bruto que me monta no sea el asesino. Creo que me estoy volviendo loca.


Han pasado los tres días de plazo. Me he despertado oyendo una voz extraña. Sí, no es una alucinación. La voz era mía, pero las palabras no me pertenecían, luego al abrir los ojos me he encontrado con el rostro de piedra de un policía. “Ha aparecido su peine, señora Diana, pero le tenemos malas noticias”. Dígame quién fue, por favor. ¿Dice que yo? Pero si estoy viva, ¿me está tomando el pelo? ¿Que fue Dolores? ¿Qué le han metido ese peine hasta la médula? Pero ¿por qué a ella? ¡Explíquemelo!


Es horrible. El inspector me ha mostrado las fotografías de mis huellas. Están por toda la habitación. Dice que no se trataba de un cliente, que era alguien de dentro y si se demuestra que no tengo problemas mentales, me mandarán a cadena perpetua, pero si algo falla, hasta la pena de muerte me caerá encima. Podría ser juzgada y extraditada por petición de los familiares de las víctimas. Será fatídico. Solo tengo una puerta de escape, tendré que usarla…

*




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8 Comments


Hola Ocitore es un cuento muy inquietante, mantiene la intriga aunque como te dicen algunos compañeros dejas muchos cabos sueltos. Por ejemplo:¿Es ella la autora de los asesinatos anteriores?. ¿Cómo investigó y a que conclusiones llegó la policía en los anteriores crímenes?.

Respecto al final a mi también me gustaría que hubieras apuntado cual es la puerta de escape, supongo sin embargo que es acabar con su vida. Nos leemos.

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Amadeo Belaus
Amadeo Belaus
Apr 22, 2021

Ocitore:

Me encantó el cuento. Me mantuvo en vilo hasta que se supo que ella misma era la asesina. Me pareció extraño el título: no encontré relación con contenido.

De a cuerdo con la mayoría de los comentarios técnicos de los compañeros.

Cordiales saludos

Amadeo

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Hola, Amadeo, quise hacer una relación de los faroles rojos de la calle de Amsterdam y el participio roto para describir al personaje destruido. Tal vez sea demasiado raro o esté muy lejos de serlo, pero me pareció que era ingenioso. Creo que no siempre los títulos de un cuento corresponden al contenido. Saludos.

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Laura, muchas gracias por dedicarle tiempo a la lectura de mi cuento. En verdad te lo agradezco mucho.

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Carlos J. Noreña
Carlos J. Noreña
Apr 20, 2021

Ocitore:

Un cuento muy imaginativo y bien entrelazado; intrigante, aterrador y con un final desconcertante. Además, nos dejas con una duda: ¿cuál es la mencionada puerta de escape?

Observaciones.

Bueno el caso es que no me puedo imaginar: Falta una coma después de bueno.

¿Qué le han metido ese peine hasta la médula?: El hecho de que la oración sea interrogativa no implica que la conjunción “que” sea interrogativa; en este caso es relativa y no lleva tilde.

Cordial saludo.

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Gracias, Carlos. Llevas razón en todo. Voy a hacer las correcciones convenientes, por si me sirve este cuento para la recopilación de fin de año. Saludos

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Laura Yannelli
Laura Yannelli
Apr 17, 2021

Hola, Ocitore.

Me ha gustado tu relato en primera persona, por un lado, y de un asesino serial por la otra. Muy ingenioso lo de la devolución de los objetos desaparecidos.

Me queda una duda...si el asesino es la propia mujer, ¿por qué desapareció su peine? ¿O acaso hay otro asesino? Guau. Todo una trama interesante para desarrollar.

En cuanto a lo formal, tienes una oración bastante extraña: "Si lo hallado no era de nadie." Creo que iba enganchada con la siguiente, que la completa. No hay problema, una coma que se transformó en punto.

Sin embargo...¿Cómo pueden aparecer cosas que no pertenecen a nadie en un mundo tan reducido en el que las mismas personas controlan sus pertenencias? De…


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😀☀️

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