¿Siameses? - Palomac- (R)
- Menta
- 17 nov 2021
- 2 Min. de lectura
Mamá me encontró ayer llorando debajo de la cama. Me dijo que saliera de allí, pero yo no le hice caso porque estaba muy triste y no quería ver ni hablar con nadie. Entonces me ordenó que saliera inmediatamente, y como gritó mucho al decir ¡sal de ahí!, se me secaron las lágrimas de repente. Obedecí, pero dejé la caja.
—¿Por qué lloras? ¿Qué te ha pasado?
No respondí.
—¿Has sido tú el que ha cogido la caja de los hilos de colores? No la encuentro por ningún lado y tengo que coser un tomate que tienen tus calcetines verdes de gimnasia.
Creo que le fastidiaba coser tomates a las siete de la mañana y por eso tenía mal humor.
Mi hermana la mayor hizo su aparición en mi cuarto; estaba muy feliz. Llevaba las manos metidas en los bolsillos, se acercó a mi madre y bruscamente le enseñó varios carretes de distintos colores y le preguntó:
—¿Son estos los hilos que buscas?
—¡¡¡Sí!!! —exclamó mi madre.
Le arrancó las bobinas de la mano y se marchó. Pero, volvió y nos preguntó a los dos:
—¿Dónde está la caja?
—¿Qué caja? —Le pregunté con voz inocente.
—Qué caja va a ser, pues la de los hilos, la que es cuadrada…
Mi hermana, que conocía mis escondrijos, se arrodilló, miró debajo de la cama y la vio.
—Ahí está. Se metió debajo y la sacó.
Yo pensaba que me la había ganado.
—Pero vamos a ver: hay miles de cajas en casa, y tienes que coger justo esta, que me encanta porque es de plástico transparente y veo rápidamente todo lo que hay dentro sin tener que abrirla…
—Por eso a mí también me gustaba… Pero ya no la necesito, mis zapateros mellizos se han escapado.
—¿Los zapateros son esos bichos rojos y negros que su espalda parece un escudo? ¿Has metido esos bichos asquerosos en mi caja de labores? ¡Qué asco!
—Mamá, eran muy especiales. Los encontré en el jardín debajo de unas hojas del tilo. Había muchos zapateros, pero solo había tres parejas de mellizos siameses que estaban unidos por las colas. ¡Pobrecitos, no podían moverse! Me dio mucha pena y quise cuidarlos y alimentarlos. No podía dejar de mirarlos, así que cogí la caja de la mantequilla de Soria, que es la única que es transparente, para verlos más tiempo. Pensé que debía traer a otros para que estuvieran acompañados, y metí unos cuantos más. Pero yo solo miraba a los siameses que luchaban entre ellos por separarse. Las eché una flor para que comieran. Abrí un poco la tapa para que pudieran respirar. Por la mañana no estaban, han huido.
—¿Todos esos bichos han salido de la caja y ahora están en tu cuarto? ¿Ya se te ha olvidado lo que te dijo tu padre cuando se escapó la lagartija?
—Los otros no se han ido se han quedado dentro, y están contentos, aunque un poco sucios porque el fondo está lleno de huevos que tienen forma de tonelitos. ¿Quieres verlos?
—Yo creo que no se han escapado. Estaban enganchados copulando y cuando terminaron se separaron —explicó la empollona de mi hermana.
-No, eso no es verdad —le contesté.
Desencantado me eché a los brazos de mi madre.
***
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Hola Palomac,
Acudo algo tarde para que pueda encontrar algo por corregir. Lo que para mi es mejor, pues así solo me queda felicitarte.
Buen relato, ameno y fluido.
Me gustó lo de los tomates y los siameses je, je.
Hasta la próxima lectura. Vibe(9)
Paloma:
Es gracioso tu cuento y muy acorde a nuestras travesuras de chicos; me veo ahí en circunstancias similares hace muchos años.
Narras dos escapes diferentes en paralelo: los bichos escaparon de la caja y el niño escapó bajo la cama. Le leí a un autor muy importante, cuyo nombre en este momento no recuerdo, que todo cuento debe relatar dos historias paralelas; eso no me convence como algo obligatorio, pero veo que en muchos casos aplica.
Observación de forma:
—Ahí está. Se metió debajo y la sacó: la explicación tiene que ir separada con raya, para que se tome como parte del parlamento.
Saludos.
Hola Palomac
Agradezco mucho los comentarios a mi escrito, siempre son de gran ayuda. Respecto al tuyo te han comentado ya los compañeros casi todo. Yo solo voy a añadir que me ha parecido un poco flojo. Te digo, me hubiera gustado que especificaras un poco la bronca del padre cuando la lagartija. Tambien que la madre le regañaba mas y el se revelaba contra la hermana por "chivata". Es mi opinión. De todas maneras me ha gustado mucho y he disfrutado leyéndolo ya que todos de pequeño hemos coleccionado algún "bicho". Enhorabuena, nos seguiremos leyendo.
Hola, Palomac. Una historia tierna, de esas que rebosan la felicidad de la inocencia, y cómo esta se espachurra al encontrarse de cara con la madurez o el saber. Malditos empollones! Jajaja.
Muy bien construido el relato, a golpe de diálogo que se lee fluido y de un tirón.
Me encantó.
Un abrazo!